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Un Espació Europeo de Educación Superior (EEES) La nueva cita con las urnas permite difundir, políticamente, las bondades de la organización y el funcionamiento de la Unión Europea. Entre sus actuaciones, no han dudado en impulsar un nuevo orden en los sistemas educativos de los estados miembros. Las universidades, en las mejores palabras del profesor Rodríguez Gómez: “son identificadas como instituciones estratégicas en vista de su potencial para contribuir a la formación de una identidad y por su papel en la formación de recursos humanos y de conocimiento para avanzar en el proyecto comunitario”. Antes de emitir mi voto, vienen a mi mente recientes imágenes en la que los verdaderos protagonistas del mundo de la educación, los alumnos, han gritado por las calles de diferentes ciudades españolas su no al denominado Plan Bolonia que, con certeza, no es un no a las ideas del grupo ministerial reunido en 1999 en aquella universitaria ciudad italiana. La dura respuesta de los democráticos cuerpos de seguridad contra todo tipo de personas que se cruzaban en su camino fue la respuesta impropia para las manifestaciones de quienes aun no tienen unos transparentes mecanismos de participación garantizados en la configuración del EEES pese a ser aquella un objetivo prioritario de este.
Sin menospreciar el valor hagiográfico y directo de las declaraciones de Sttutgart y de Fontanebleau (año 1985) del Comité de Educación de la Comunidad Europea y el de la Magna Charta Universitatum suscrita en Bolonia, el 18 de septiembre de 1988, han sido las reuniones de Lisboa (1997), la Sorbona (1998) y Bolonia (1999) las que han acabado dando configuración a la creación – sin más demoras- del denominado Espacio Europeo de Educación Superior que, como ha expuesto Gloria Young, tiene por fin: “repensar la universidad y los procesos de aprendizaje que en ella se desarrollan; con el fin de cambiar la perspectiva de la educación de nivel superior y modificar los métodos y sistemas de evaluación entre otras cosas”. Un EEES al que Europa quiere dar un nivel de alcance mundial por lo que no ha dudado en auspiciar su impulso incluso en América Latina y dando entrada en las reuniones europeas a miembros de aquel continente (así se conjugan los llamados proyectos Tuning y Alfa Tuning). La Declaración de la Sorbona (Paris) de 25 de mayo de 1998 es una declaración conjunta adoptada por cuatro Estados (Francia, Alemania, Italia y Reino Unido). Los ministros de estos países apuntan las siguientes premisas de partida: 1) el proyecto Europa no afecta exclusivamente al euro, los bancos y la economía sino que también a una “Europa de conocimientos” lo que comporta un deber de consolidar y desarrollar las dimensiones intelectuales, culturales, sociales y técnicas del continente; 2) Las universidades todavía desempeñan, al respecto, un papel imprescindible; 3) en la actualidad (año 1999) hay un gran número de estudiantes que se gradúan sin haber tenido la oportunidad de realizar un período de estudios al otro lado de las fronteras nacionales; 4) se avecinan tiempos de cambio parta las condiciones educativas y laborales donde educación y formación continua devienen en una obligación evidente y donde los estudiantes deben encontrar su propio ámbito de excelencia; 5) debe crearse un área europea de educación superior rica en proyectos positivos, respetuosa con la diversidad y que ponga fin a las fronteras existentes (movilidad y cooperación), 6) se avala la emergencia de un sistema universitario de dos ciclos, un sistema de créditos (semestrales) que permita su convalidación por las diferentes universidades europeas y un acceso al mundo académico en cualquier momento de la vida profesional de los estudiantes. Acceso sin limites a gran variedad de programas, oportunidades, idiomas y tecnologías, y 7) la armonización progresiva del marco general de las titulaciones y ciclos. Todos estos objetivos son cerrados con un compromiso (recordemos de los cuatro) “para la promoción de un marco común de referencia, dedicado a mejorar el reconocimiento externo y facilitar tanto la movilidad estudiantil como las oportunidades de empleo”. El 19 de junio de 1999, ahora si, todos los ministros europeos de educación, impulsan la carrera hacia el EEES partiendo de la premisa política de que el mundo académico y político y la opinión pública mayoritaria han apostado por “la necesidad de establecer una Europa más completa y de mayor alcance mediante el desarrollo y fortalecimiento de sus dimensiones intelectual, cultural, social, científica y tecnológica” y del factor irremplazable “del crecimiento social y humano”. Al propio tiempo se acepta “la independencia y la autonomía” de las Universidades que aseguran que “los sistemas de educación superior e investigación se adapten continuamente a las necesidades cambiantes, las demandas de la sociedad y los avances en el conocimiento científico”. Ahora bien, los ministros entienden que la consecución de compatibilidad y comparabilidad de los sistemas de educación superior requiere un impulso continuo y ya hablan de encontrar un sistema con atractivo mundial y para ello fijan objetivos básicos: a) la adopción de un sistema de titulaciones fácilmente comprensible y comparable que permita la promoción de la obtención de empleo y la competitividad del sistema, b) la adopción de un sistema basado en dos ciclos: diplomatura y licenciatura, c) el establecimiento de un sistema de créditos (similar al ETCS) para promocionar la movilidad estudiantil que además ha de ser promocionada por otras vías como la de la remoción de los obstáculos existentes (acceso a oportunidades formativas y otros). Todos estos objetivos se impulsaran en un marco de acatamiento de la competencia institucional y de respeto pleno a la diversidad de culturas, lenguas, sistemas de educación nacionales y de la autonomía de las Universidades y de las organizaciones europeas no gubernamentales con competencias en educación superior. Los ministros deciden mantener reuniones de seguimiento del cumplimiento de objetivos y a tal fin tienen lugar reuniones en Praga (2001), Berlin (2003) y Bergen (2005). También la UNESCO aprueba medidas en materia de educación que son calificadas como de lucha contra “la fuga de cerebros”. Al lado de las reuniones de ministros europeos, otros miembros de la comunidad educativa tienen las suyas propias, como la celebrada en Salamanca, los días 29 y 30 de marzo de 2001, por más de 300 autoridades universitarias. En esta reunión, nos informa Young, se alcanzaron los siguientes acuerdos: 1) la calidad como pilar esencial, 2) granjearse la confianza internacional mediante el reconocimiento mutuo de la garantía de calidad, 3) pertinencia, a través de la que la adecuación de la enseñanza a las necesidades del mercado laboral deberá reflejarse en el curriculum en la medida que las enseñanzas o competencias adquiridas estén pensadas para un empleo, 4) movilidad o libre circulación de estudiantes y profesores, 5) compatibilidad de las cualificaciones y 6) atractivo (mundo entero). Bajo todo este conglomerado de premisas poco explicadas se empieza a exigir a los países la remoción de obstáculos para hacer visible el espacio europeo en educación. Los movimientos estudiantiles llevan a los ministros ha recordar cada dos años que el seguimiento continuado de la construcción del EEES requiere del diálogo no solo con las universidades sino también con las organizaciones de estudiantes y en este apartado no se ha construido bien, en nuestro país la citada participación que debe ser amplia y no interesada. Los encierros y la sangre publicitados bien merecen algo más que páginas web encaminadas a ofrecer nula información sobre las reivindicaciones de quienes no aceptan procedimientos poco democráticos, el establecimiento de planes con financiamiento poco transparente, ni una Universidad Europea degradada, mercantilizada, canterizada por las grandes empresas, heterogénea en los planes de estudio, reservada a unos pocos a través de un sistema de tarifas y becas que siempre afectan a los mismos, una educación teledirigida y poco abierta a la pluralidad de conocimiento que en definitiva no es más que una manifestación de la diversidad establecida como objetivo de construcción del espacio europeo al que nos referimos. Los estudiantes universitarios estoy plenamente convencido jamás criticaran un espacio europeo de educación superior transparente, abierto, plural, sin fronteras, permanente, mejor evaluado, con más peso de la acción investigadora y menos “conferencial”, compatible con la actividad laboral y la corresponsabilidad en los gastos (familiares, sociales, etc) y no participativa y donde tal vez el profesorado debe clasificarse en permanente (con dedicación exclusiva) y fijo discontinuo a fin de controlar el juego de la pluriactividad que, a veces, va ligado con la nota a poner. En otro caso, las críticas al “new paradigm in education” están servidas porque como ha expuesto el profesor Barros no es de recibo: a) la apropiación tecnocrática del constructivismo, b) el olvido de la función cultural y científica de la Universidad, ni c) manipular a través de decisiones administrativas el sentido de las reformas progresistas. No se puede eliminar, como presume Álvaro Bustos, “la universidad clásica e ideal que persigue la búsqueda de la verdad, la formación en hábitos intelectuales y la transferencia del conocimiento de profesores a alumnos”. España y Europa deben hablar un mismo idioma en la materia y si hay que hablar con las organizaciones estudiantiles, hay que hacerlo aunque previamente haya que mejorar sus estructuras de participación haciéndolas más transparentes y dotándolas de medios personales y materiales que vayan más allá de “simples mesas playeras” en mitad de los oscuros pasillos de los recintos universitarios españoles (afortunadamente no de todos).También hay que aclarar la subsistencia o no de las escuelas de los diferentes colegios profesionales ante el nuevo perfil de los grados universitarios. Pero todo ello de nada serviría si el punto de partida, globalmente a aceptar, es que la Universidad debe estar en permanente mejora, adaptándose a los tiempos y evitando, como dice Young, la aparición de continuas “preguntas problematizadoras” como: ¿qué clase de profesión esta enseñando está facultad (o universidad)? ¿tántos años y que aprenden realmente nuestros jóvenes?, o la acumulación curricular sin más.//. fperezl@inves.es
06-06-2009 Enviado por FERRAN PEREZ
06-06-2009 Enviado por FERRAN PEREZ






